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Lo que no te dicen de la lactancia materna.

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Preámbulo:

Esta vez quisiera platicarte de lo que no te dicen de la lactancia materna. Vale aclarar que los puntos a continuación son basados en mi proceso y me dirigiré a mujeres (aunque, hombres, más de alguna cosa podrán aprender al leerme y prometo que lo disfrutarán igual).

Aclaro: No soy asesora de lactancia materna, doctora, ginecóloga ni nada similar. No es mi intención desvalidar opiniones, puntos de vista, experiencias, como cualquier otro. Mi intención es traer a la luz problemáticas a través de mi propia experiencia que, seamos sinceros, la mayoría vive pero ha desacreditado dada a presión social o que se yo. Así que, comencemos.

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Con un gran, gran orgullo puedo contarte que, a la fecha, he sido protagonista de la donación de alrededor de 1,064 onzas de leche materna. Si, leíste bien, 1,064 onzas entregadas en los 3 meses de vida de mi bebito. Al leerlo ni siquiera yo me la creo. Si bien no seré asesora en lactancia (estoy muy lejos de serlo), algo estaré haciendo bien para poder suplir todas las necesidades alimenticias de mi hijo (hasta para que le de mal del puerco, a.k.a: food coma), abastecer un banco de leche y poder tener el privilegio de apoyar a un sector altamente desatendido. Entonces, he aquí este escrito con mis humildes hallazgos en los meses que llevo emprendiendo esta aventura de la maternidad.


Primero es lo primero; que la lactancia sea natural no significa que sea fácil. Re-lee esto cuantas veces lo necesites. Todo el mundo habla de la lactancia como si fuera algo que se pueda encender o apagar. Si, todas traemos la habilidad biológica de poder dar pecho, pero esto no significa que podamos, que sea emocionalmente “mágico” o fisiológicamente “fácil”. Ni si quiera mencionemos la presión que se siente intentar mantenernos con lactancia materna exclusiva.

Comenzar a ser la fuente de alimentación de un recién nacido es un cambio fuertísimo y, como todo cambio, debemos preparar a nuestro cuerpo para comenzar a hacerlo. ¿Qué se te ocurre cuando lees esto? Las veces que lo he platicado muchas me mencionan que el mes antes de nacer el bebé comienzan a tomar suplementos, a comer diferente, etc. Pues, en mi experiencia, la preparación para poder brindar lactancia materna debe ser paralela a la preparación del cuerpo para un embarazo.

Comencé a preparar mi cuerpo para embarazarme en Mayo 2019. Lo desintoxiqué de las pastillas anticonceptivas con el apoyo de un ginecólogo, regulé mi desbalance hormonal y de insulina con un endocrinólogo y aprendí a comer correctamente con un doctor especializado en medicina biológica. Quedé embarazada en enero 2020, esto significa que trabajé en alcanzar la versión más saludable de mi por 7 meses. Esto no acaba ahí. Durante el embarazo, removí la cafeína (café y gaseosas) de mi dieta y reduje considerablemente el azúcar. Comencé a tomar por lo menos 2 litros de agua al día e intentaba descansar lo más que podía. Algo que no te dicen es que tú cuerpo es muy, muy sabio y te pedirá siempre lo que necesita o le hace falta.


Dato curioso: los famosos antojos del embarazo no son cositas curiosas que solo pasan, son deficiencias nutricionales y, por ende, es el cuerpo pidiendo ayuda. Por ejemplo, si te da antojo de mango verde (muy común) lo más probable es que carezcas vitamina c. Pues, como trabajé tan duro para equilibrarme nutricional y hormonalmente, ¿saben cuál fue mi antojo más grande durante el embarazo? Dormir. Para ese entonces llevaba un ritmo de 10am a 8pm de sesiones sin parar y el cuerpo comenzó a gritarme que debía bajar revoluciones.


Llegó mi hijo, Enrique, y mantuve lo antes establecido con un par de datos de diferencia:

  • Subí los 2 litros de agua diarios a un mínimo de 3.5 litros diarios. ¿Sabías que la leche materna está compuesta por un 88% de agua? Lo que significa que entre más agua tomes, más leche podrás producir. No te lo dicen, pero tal cual... los días que he reducido mi ingestión de agua, mi producción de leche se ha reducido.

  • Mantuve la cero cafeína, cero alcohol y muy, muy poca azúcar. Y no, no me hacen falta. Se puede vivir sin la copa de vino, la cerveza, las bebidas carbonatadas y el café. Además, te ayuda muchísimo a mantenerte en forma y apoya a la salud del sistema nervioso, entre muchas otras cosas. (No fumo, pero en caso ustedes lo hagan sugiero que comiencen a reducirlo porque impacta directamente la salud y la producción de leche).


  • No he dejado de comer absolutamente nada sin razón evidente. Con esto me refiero a que mi enfoque alimenticio era nutrirme al 100% y no restringirme nada a menos que viera que el bebé reaccionara desfavorablemente. Según mi pediatra (un saludo, Dr. - ¡es lo máximo!) el bebé recibe los alimentos que ingerimos en un promedio de 3 horas después de comer. Así que si niña, solo es de estar atentas las primeras veces que comas cosas una vez esté el bebé para ver cómo reacciona. No me he quitado nunca lechugas, verduras, vegetales, chocolate, etc. Lo que regularmente dicen que hace daño, a mi me ha ayudado para aumentar mi producción de leche. Mamá saludable y feliz, buena calidad de leche. A la fecha lo único que he tenido que reducir ha sido lo altamente condimentado (bye bye chilly cheese dips) y el curtido (las pupusas no han sido lo mismo). Fui únicamente porque noté que a Kike le afectó. Ojo: dieta súper equilibrada y cero excesos. Además, esto es lo que me ha funcionado a mi. Puede que otras no puedan comer lechugas, por ejemplo, y está bien.


  • El descanso siguió siendo mi prioridad. Tengo la suerte que mi esposo siempre entendió que yo debía estar integralmente sana para que la lactancia sea un éxito y esto nos ha llevado a compartir una rutina bastante equilibrada. Durante el día quisiera decirles que duermo cuando el bebé duerme, pero ya todos sabemos que eso es un cuento de hadas. Lo que si es que a la fecha intento siempre descansar lo más que puedo.


Luego, puedo compartirles los siguientes datos que he descubierto por experiencia propia. Aquí es adonde mis queridas asesoras de lactancia quizás deban cerrar los ojos, puede que no les caigan bien mis hallazgos. Aclaro de antemano que yo nunca he querido quedarme 24/7 con mi hijo en casa. En mis planes siempre estuvo regresar a trabajar y darle la independencia que él necesita para poder estar una tarde solo con su papá, por ejemplo. Entonces, los hallazgos a continuación son coherentes a esta visión de vida.


Comencemos por la relación de pecho y biberón. Mediante mi hijo fue creciendo, su relación con mi pecho se comenzó a complicar, aún habiéndole ofrecido biberón muy, muy poco. Hubo un día, en una visita familiar, que sus abuelos no lo entregaron a su mamita para darle de comer al tener hambre. Pasaron dos horas (si, dos horas) en las que, por rechazo a que se durmiera y no poderlo apapachar, no me lo entregaban. (Esa ansiedad que sentiste en tu corazón al leer esto, si.. así se sintió de espantoso).

Cuando finalmente lo llevé a nuestra habitación para poder darle pecho tranquila, el pobre pegaba gritos de la desesperación. Lloraba del hambre con tanta cólera que simplemente no agarraba pecho. Yo, para entonces muerta en llanto con el, armé el extractor desesperada y comencé a extraerme leche para poder darle de comer. Puedo asegurarles que nunca en los últimos casi cuatro meses he visto a mi hijo llorar con tanta desesperación y dolor. Yo estaba emocionalmente destruída. No entendía porque no agarraba pecho hasta que reflexioné lo siguiente; cuando tú te estás muriendo de hambre, ¿eliges la opción de comida más fácil y accesible o te gusta esperar y cocinarte algo que tome tiempo? Pecho significaba trabajar por la leche y el pobre estaba harto (Gracias G, por ayudarme a racionalizarlo).


Mientras intentaba arrullarlo para que el llanto se redujera y a la vez calmarme, entró mi esposo. El se me acercó, después de aclarar a su familia que no podía volver a pasar algo igual, me apapachó y me dijo algo que jamás olvidaré. Estas palabras fueron algo así: “muñeca, si no toma pecho no te aflijas. Si nos toca darle fórmula (que era mi mayor miedo para entonces) le damos y no pasa nada. Seguirá siendo una bendición que podamos hacerlo, pero eso no está pasando aún. Lo que se es que para que puedas producir leche debes estar feliz, relajada y forzarse ambos a que te agarre pecho solo porque te han dicho que así debería ser los está frustrando a ambos demasiado.” Tenía toda la razón.


Desde entonces decidí encontrar una rutina en relación a pecho-biberón que nos funcionará a todos para no volver a sentir lo que vivimos ese día. Entendí que lo importante es que mi bebé esté sano, con barriga llena y corazón contento. Si, siempre intento ofrecer pecho, pero mi prioridad es que mi hijo coma y se nutra - no necesariamente mantener el hábito de 100% pecho. Y, ¿saben que? No ha reducido ni una onza mi producción de leche materna y mi conexión con mi hijo está intacta. Lo único que puedo compartirles es que le he pedido infinitas veces a mi esposo que seamos él y yo los únicos que le damos de comer a Enrique por que si, cada vez que veo a un miembro de la familia darle pacha me rompe el corazón. Me hace sentir reemplazada, sin mencionar que me siento como dispensadora de leche también ya que solo me piden la pacha llena y se van con el. Fatal, jajaja.


Lo que no te dicen es que puedes encontrar un punto de equilibrio que funcione para todos, especialmente para ti. Si el proceso te está frustrando y generando demasiado malestar, más de lo que regularmente puede generar el establecer una rutina (porque eso es), entonces hay cosas que debes cambiar y eso está bien. Nadie te dice que tu habilidad de dar pecho no te define como mamá. Si le das leche materna desde pecho, en biberón, si complementas con fórmula o no pudiste producir leche