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Las lecciones aprendidas en mi medio año como mamá.

Este mes estrené mis primeros seis meses como mamá y, les confieso, este viaje no ha sido como lo esperaba. Aún así, el que haya sido diferente no significa que sea algo malo y es por eso que he decidido compartirles las 6 lecciones más importantes que me han dejado estos últimos meses.



Número 1: El conocimiento y la experiencia no son lo mismo, pero estudiar para cada etapa si suaviza muchísimos malestares.

Ustedes me conocen, ¡me encanta estar preparada! No les mentiré, por supuesto que la maternidad me ha agarrado en curva con muchísimas cosas. Sin embargo, el estudiar acerca de las etapas en las que estamos entrando y conocer más acerca de todos los temas de interés me ha reducido la ansiedad de una manera considerable.

Tal y como me preparé para el embarazo (puedes leer el artículo aquí), me he ido preparando para cada fase. Antes de nacer estudié acerca del parto natural y cesárea, de la recuperación, de los primeros días del bebé, etc. Ojo, esto no significa que mi pasatiempo se ha convertido en Googlear todo malestar. ¡Absolutamente no! El truco es informarte con material médico que te ayude a ir respaldando tu proceso, no alimentar tu ansiedad con posibilidades que muestra el internet.

Número 2: Muchos intentarán intervenir en la manera en la que nosotros queremos criar a nuestro hijo, pero los únicos expertos en Enrique somos nosotros dos.

¡Uf! La cantidad de veces que hemos recibido opiniones sin ser solicitadas es impresionante. ¿Por qué? Al otros haber sido padres antes consideran que tienen el derecho de enseñarte “la manera correcta” de hacer las cosas. Lo que no tienen presente es que ellos criaron seres humanos para un mundo que ya no existe.

Entendí que quien manda con nuestro hijo somos nosotros (Manuel, mi esposo, y yo). Lo que significaba que si alguien intentaba imponer creencias o modalidades de crianza sin nosotros estar de acuerdo nos daba todo el derecho de verbalizar el malestar, establecer distancia o incluso retirarnos.


Número 3: Cada bebé es el que manda.

Antes que salten, no me refiero a ser permisivos. El que comenzará este viaje de maternidad me hizo darme cuenta que hay muchísima presión en cómo debería de ser el desarrollo de un niño, lo que nos hace olvidar con muchísima facilidad que la naturaleza es increíblemente sabia.

Durante mi embarazo, leí que la gestación humana no es de 9 meses, si no de 18. ¿Por qué? Sencillamente porque un bebé nace tan, pero tan vulnerable que aún necesita de su mamá al nacer. Pero, ¿qué es lo que hacemos nosotros? Cuando no pueden ni abrir bien sus ojos, los obligamos a tener “tummy time”. Cuando aún no pueden sentarse bien, les compramos triciclos y andaderas. Cuando aún no tienen defensas, los sacamos por todos lados.


Entonces, ¿a que me refiero con que cada bebé manda? He aprendido que mi hijo hace naturalmente muy notorio cuando está entrando a etapas distintas y cuando alcanza sus hitos de desarrollo. Entonces, lo que hemos hecho no es imponerle estimulación para que alcance “como debería de estar”. Si no, estimular la etapa en la que evidenciamos que está. Por ello, ahora puedo contarles que mi hijo a sus seis meses duerme toda la noche, ya come papillas dos veces al día complementadas con leche materna, no grita, llora únicamente cuando está harto y tiene (les presumo) según dice nuestro pediatra un nivel de desarrollo sobresaliente.


Número 4: Está bien no estar bien y nadie tiene bola de cristal para saber que necesitas ayuda.

Esto debe ser un denominador común en todas las etapas de nuestra vida. La maternidad (y paternidad) es algo difícil y entender lo que está pasando no significa que lo hará más fácil.


Llorar no es sinónimo de debilidad, como tampoco lo es buscar ayuda en caso lo necesitemos. Comunicar los momentos de vulnerabilidad, como puede ser la soledad o la necesidad de tiempo a solas, le da la información necesaria a otros para ayudarte. Nadie tiene una bola de cristal para entender lo que piensas o sientes.


Número 5: El contar con los profesionales correctos lo es todo.

Esto suma muchísimo al punto número 1. Elegir profesionales médicos que guíen y acompañen el proceso reduce muchísimo la ansiedad, ya que la información con la que te van guiando tiene enfoque cien por ciento médico (biológico, pues). Ellos entienden información que nosotros nunca haremos por más que lo estudiemos, por algo estudiaron medicina y enfocarte en los hechos que ellos entablan le quita el poder a muchísimas inseguridades.


Ojo, entre menos doctores mejor. ¿Por qué? Si comenzamos a llenar nuestra vida de doctores y especialistas es lo mismo a que buscáramos todo en Google, con mil ventanas abiertas. Esto no significa que no debemos buscar especialistas, pero debemos hacerlo solo si es necesario. Entre más opiniones tengamos, más ansiedad generará. Lo esencial siempre comunicará de manera asertiva, lo colectivo no.


Número 6: Los lujos no reemplazan amor ni tiempo.

Los bebés que “lo tienen todo”, hablando en el tema material, son los más escandalosos, más sensibles emocionalmente, con sueño más desordenado y demás. Lo que un bebé necesita no son cosas de último modelo, piñatas ni eventos sociales grandes. Lo que un bebé necesita es la presencia de sus papás, su tiempo sin distracciones y su amor en todo lo que hagan.


Ojo: esto no significa que brindarle estas cosas a tus hijos sea algo malo. ¡Para nada! Lo importante es que sus necesidades estén cubiertas primero y, parte de ellas, es esto que te platico. Nada puede reemplazar una crianza respetuosa, llena de presencia y amor y, si no me creen, pongan atención a las familias que tengan a su alrededor. Padres ausentes, distantes o distraídos resultan en niños que buscan atención constantemente de una u otra manera. Ojo, la atención que buscan no es la de “ay, que caprichoso” o “lo estás malcriando”. Sencillamente quieren a su mamá y/o papá cerca. Sin televisión encendida, ni computadoras, ni celulares, ni alcohol (típico el vinito o cervecita)... simplemente presencia. Game changer... les prometo.


Espero esta introspección les apoye en su camino como padres y, si aún no están en esa etapa, ojalá les de información que necesitan para entender a las familias en su entorno.

El camino en el mundo de los hijos es retador, pero el que sea retador no significa que sea malo. Tiene sus momentos difíciles, ¡claro! Pero, como todo en la vida, lo importante es buscar el aprendizaje para crecer de ello.